¿Qué significa Sagrado? (Parte 1)

 ¿Qué SIGNIFICA SAGRADO? (PARTE 1)

La palabra sagrado es de origen latín sacratus, participio del verbo sacrare.

Lo sagrado se muestra como lo opuesto a lo profano. Así, por lo tanto, lo sagrado es, literalmente algo extraordinario. Esta característica lo convierte en algo cualificado y singular, en contraposición a la homogeneidad de lo común, donde todo es lo mismo. Lo sagrado es todo aquello que no pertenece al ámbito de lo natural.
Si podemos decir que existen cosas ordinarias y naturales, podemos también afirmar la existencia de lo extraordinario y sobrenatural. Por tanto, de esta forma, lo sagrado es una categoría explicativa y valorativa del mundo.
Todo aquello que es sagrado tiene una condición, no sólo diferente del resto de las cosas, sino superior, de un orden singular. Su nacimiento se circunscribe al ámbito de lo religioso, aunque, para los niveles más arcaicos de la cultura «el vivir del ser humano era ya de por sí un acto religioso, pues tomar el alimento y trabajar, por ejemplo, son actos que tienen un valor sacramental».
Ser hombre significa ser religioso, por lo tanto, tendríamos que admitir que lo sagrado, como categoría que singulariza y cualifica algo transforma en «religioso» cualquier acto u objeto. Lo sagrado se manifiesta como una realidad de un orden absolutamente diferente de las realidades naturales. Sin embargo, a pesar de ser una manifestación de algo «diferente» de lo normal, que no pertenece a nuestro mundo, lo hace a través de objetos que forman parte de este mundo natural profano.
El ser del objeto se transforma. De profano se convierte en sagrado. De común en singular, de ordinario en extraordinario. Esta transformación le aporta un nuevo significado y con él, el objeto o acto adquiere una trascendencia más allá de su significación inmediata. Este nuevo nivel que supone lo sagrado, corresponde a un «genero de realidad más consistente y eficaz que las realidades del mundo profano». El mundo profano se expresa como una realidad sometida a la fugacidad y por lo tanto irreal en su esencia; como una existencia limitada condenada a tránsito y disolución; débil y sometida al desgaste y al cansancio. Por el contrario lo sagrado se presenta como poder, abundancia, fertilidad y eternidad. Así lo Sagrado se vincula a lo «real», mientras lo profano se muestra como «irreal». (recordemos que en el realismo filosófico la realidad tiene un significado, nos dice algo, siempre va más allá de su significado material o solo lo que vemos)
La toma de conciencia de un mundo real y significativo se halla en íntima relación con el descubrimiento de lo sagrado. Gracias a la experiencia de lo sagrado, la mente humana pudo captar la diferencia que existe entre lo que se revela a sí mismo como real, poderoso, rico y significativo, y lo que no, es decir, el flujo caótico y peligroso de las cosas y sus apariciones y desapariciones fortuitas y carentes de sentido.
Con la experiencia de lo sagrado, el hombre puede vincularse a lo real, encontrar el sentido que no tiene su condición efímera. A través de lo sagrado, el hombre entra en contacto con esa característica del Ser, con lo real, lo que va más allá, frente a su propia experiencia de No ser, que se muestra en la propia contingencia de su naturaleza. Esta realidad no es la del mundo natural homogéneo, donde todo es igual o vale lo mismo. Es la realidad del ser. Lo real es, ha sido y será. Es paradigma, guía y sostén. Da sentido y significado a las cosas.
Por este motivo lo sagrado es el triunfo de la vida sobre la muerte, de la luz sobre las tinieblas, de lo eterno sobre lo caduco. Ante la nostalgia de Ser que padece el hombre, lo sagrado, como máxima energía de potencia creadora y de plenitud de ser, ejerce una función fundante «traducida fenoménicamente en el deseo humano de arraigo en él, de participación en su poder y de afán de saturarse de su eficacia».
El hombre religioso vive la vida como participación en un modo de ser sobrehumano representado, por ejemplo, por la vida del universo y de los dioses, tal como se narran en los mitos. El hombre se reconoce como verdadero hombre en la medida que imita el paradigma divino. Hay una aspiración a vincularse con los dioses y las fuerzas reales frente a la existencia sometida a la muerte. El hombre desea trascender.
Podría decirse que para el mundo arcaico lo profano no existe ya que todo participa, de un modo u otro, de lo sagrado. Solo son profanas las actividades que no tienen una fundamentación mítica y en el mundo arcaico toda acción responsable y con finalidad constituye un ritual. Trabajar, las labores cotidianas, todo tenía un significado que le hablaba al hombre de lo divino.
Desgraciadamente con el tiempo, la mayoría de estas actividades han ido desacralizándose hasta llegar a ser, en las sociedades modernas, actos profanos, sin un significado trascendente. Pero lo profano no tiene en sí singularidad, por eso ahora nos aburre, no nos satisface y nos crea un vacío.
Desde una perspectiva histórica, si el mundo arcaico concebía toda actividad como algo sagrado y la historia y el tiempo las ha vaciado de sacralidad convirtiéndolas en algo profano, podríamos deducir que lo sagrado es la condición donde lo espiritual entra en contacto con lo corporal, la conciencia de lo real (del significado trascendente) se plasma en el mundo material, diríamos espiritualizándolo. El mundo la unión de lo espiritual y lo material, por lo tanto «es» en lo sagrado y lo profano nace en la medida que esa conciencia se desvanece y la rutina y el tiempo desintegran esa «realidad» que lo sagrado manifiesta. Hemos perdido la búsqueda de lo religioso en nuestras vidas, de lo divino, de lo trascendente en todo aquello que hacemos porque lo hemos reducido a lo que nosotros creemos que es y no a lo que es, una representación de algo divino, que Dios nos ha obsequiado y a través de lo cual se comunidad con nosotros, es el desgate lo que lleva al ser al no-ser, de la vida a la muerte o disolución.
Tal vez resulte un poco complejo comprenderlo, pero entender que lo Sagrado formó históricamente parte de la vida del hombre y que de pronto esto llegó a seccionarse o dividirse sacándolo de la ecuación explica de alguna u otra forma el vacío que nos genera la vida diaria, quitándole a la realidad la capacidad de ser signo y de descubrir nosotros su auténtico significado.

Continuará…



FUENTE: Mircea Eliade y la experiencia de lo Sagrado, Trabajo fin de Máster, Autor: Víctor José Vilar Gisbert.

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